

La corrida de Juan Pedro Domecq dejó una tarde de contenido en La Maestranza: orejas para Castella y Urdiales y una faena de alto nivel de Aguado malograda con la espada.
La decimotercera cita del abono sevillano confirmó el buen momento de la ganadería de Juan Pedro Domecq, cuyos toros ofrecieron opciones y permitieron una tarde de matices en la que Sebastián Castella y Diego Urdiales pasearon una oreja cada uno. Pablo Aguado, por su parte, dejó el poso artístico más profundo, aunque sin premio por el acero.
Diego Urdiales abrió plaza con un recibo templado a la verónica que marcó el tono clásico de su actuación. La faena tuvo pulso en las primeras tandas por la derecha, con el riojano corriendo la mano con suavidad. El toro fue apagándose y el tramo final perdió intensidad, quedando todo en una ovación tras una media estocada efectiva.
El cuarto, más discutido por su falta de fuerza en los primeros tercios, permitió a Urdiales expresarse con mayor profundidad. El torero apostó por la suavidad para asentar la embestida y dejó muletazos sueltos de gran pureza, especialmente al natural. Una estocada certera rubricó una faena de corte clásico que sí encontró eco en los tendidos con la concesión de una oreja.
Sebastián Castella mostró firmeza desde el recibo capotero al segundo, ganando terreno y conectando pronto con el público. Tras un quite ajustado y una lidia medida, inició una faena dinámica en la que el toro respondió con transmisión en las primeras series. Hubo ligazón y ritmo antes de que el animal bajara prestaciones, cerrando con una estocada que le valió el trofeo.
En el quinto, el francés volvió a apostar fuerte desde el inicio, incluso de rodillas con el capote. El toro permitió momentos de emoción y la faena tuvo fases de cercanía que dividieron opiniones. La petición de oreja tras la estocada no fue atendida por el palco, lo que generó protestas en los tendidos y dejó la actuación en una vuelta al ruedo.
Pablo Aguado firmó los pasajes más delicados de la tarde frente al tercero. El sevillano toreó con suavidad desde el capote y construyó una obra marcada por la naturalidad y el temple, brindada al pintor Miquel Barceló. Las series fluyeron con armonía por ambos pitones y el público se entregó ante su concepto clásico. Sin embargo, el fallo con la espada enfrió el ambiente y redujo el premio a una vuelta al ruedo tras fuerte petición.
El sexto resultó el menos colaborador del encierro. Aguado lo intentó con disposición ante una embestida incómoda y rebrincada que impidió el lucimiento. La corrida de Juan Pedro Domecq, bien presentada y con varios toros destacados, dejó en Sevilla una función de interés sostenido y momentos de gran calidad artística.
Decimotercera de abono. Casi lleno.
Toros de Juan Pedro Domecq, bien presentados y de buen juego en conjunto. Destacaron segundo, tercero, cuarto y quinto.
De tabaco y oro, ovación y oreja.
De rosa palo y oro. oreja y vuelta tras petición con bronca al presidente.
De fuccia y oro. vuelta tras petición y silencio.
Saludaron en banderillas Viotti, José Chacón y Alberto Zayas.
IMÁGENES: ARJONA / SEVILLA PAGÉS
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